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Como Perros y Gatos: Como Ana y Marina

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Eran más de las cuatro de la tarde cuando llegaba Marina a casa de su hermana Ana, por allá en algún barrio de Venezuela. Era un par de morochas nacidas en los años cincuenta. Ya era costumbre tomarse un café acompañado de dos o tres cigarros casi cada tarde juntas. Marina con su andar sobrado, siendo siempre ella misma, mujer sabia, vecina atenta y colaboradora, elocuente y, a veces, un tanto exagerada. - ¡No joda! ¡Cuando Dios pensaba una vaina, era porque papá ya lo sabía! - aseguró Marina alguna vez, recordando lo sabio que fue su padre. Ana un poco más cruda y directa, sin pelos en la lengua, realista, grosera y ordinaria, crítica y consejera, vecina atenta, sincera y transparente a más no poder. El nombre vulgar del pene era su palabrota favorita, podía combinarla como quisiera y aplicarla en cualquier situación. - ¡Ve a ver si te cortas ese g#%#$, c*** de tu madre! - regañaba a su hijo, quien al parecer, ya había engendrado un par de bebés por ahí. Ana y Marina nunca estaban de...

Nuestro Insólito Carmelo

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Ahí estaba Carmelo, en el sofá de su sala, celular en mano, siempre en silencio, para no ser delatado por el tono de los mensajes entrantes. Al mismo tiempo ella, su mujer, entre la sala y la cocina corría por aquí y recogía por allá, alistando todo para ir a trabajar. Él juraba que era un maestro ocultando cosas; ella no estudió actuación pero disimulaba muy bien que ya sabía lo que ocurría entre Carmelo y su "teléfono". Como inspirada por la gran Santa Cristina Maica , la mujer de Carmelo, planificadamente, se dejó deslizar en un affaire con un amigo de éste. Desde entonces ella miraba a su esposo con la sonrisa interna de quien se siente ajusticiada; pero no era suficiente, si él no lo sabe ni lo sufre entonces no es venganza, pensaba ella. Días más tarde, se encontraba ella esperando a su esposo para el almuerzo. Él llegaba con tanta hambre como siempre, mesa servida, listo para probar su primer bocado cuando, ipso facto, ella le advierte amablemente: - Si yo fuera tú no ...

La mente en España y un pie en Venezuela

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"Todo es por mi bien", rezaba aquella frase en la armoniosa voz de Andrea, una argentina detrás del canal de YouTube Escuela de amor y superación. Todo es por mi bien, escuchaba yo repetidamente. Seguidamente vino a mi mente aquel refrán "no hay mal que por bien no venga". Muy dentro de mí, un conflicto malcriado entre el debo, el quiero y el por qué a mi. Por fuera, una vida normal, una sonrisa al saludar y un caminar de pasarela. Hace dos años de haber llegado a España y recordaba la primera noche en este nuevo hogar, una noche en la que iba a dormir sintiendo seguridad y tranquilidad, como quien ha soltado un gran peso que traía en la espalda, y no por aquel bolso tan grande y horrendo en el que metí cosas innecesarias, sino por todo lo que implicaba a nivel emocional el vivir en Venezuela. Dos años después parece que mi estadía llega a su fin, con las ganas de quedarme un tiempo más, pero sin los recursos para hacerlo, y adentro transcurre una pelea callejera e...

Escapada a los 70: Un amor que resistió el paso de los años

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     Un jueves cualquiera, Katy, la hija menor de Sara, llamó a todos sus hermanos para saber si mamá estaba en casa de alguno de ellos; la señora, siendo ya un poco mayor, nunca salía sin avisar.      Veinte kilómetros más allá, en una desolada casa, ardía la ira de otra abuela, cuyo marido se había escapado con aquella de la que nunca se divorció, su primera y única esposa.      Sara y Jorge se habían citado a escondidas, la gente rumoreaba que aquellos dos querían revivir un amor que se había roto hace más de tres décadas.      Pero no había nada qué revivir pues aquello nunca murió, se mantuvo en coma, en estado vegetal o congelado por los errores cometidos, pero muerto jamás.      Sara tenía diecisiete años cuando se casó con Jorge, eran muy prósperos y abundantes, incluso en hijos pues fueron seis los que nacieron y vivieron.      Aquel matrimonio vivió sus décadas envidiables, pero Jorge era...

Un voto para los hombres

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D ando un paseo por la popular red social Facebook me encuentro con varios post compartidos por mujeres que se expresan sobre los hombres con frases como: esos seres no tienen sentimientos, son irresponsables, malos padres , etcétera; publicaciones muy populares también en el día del padre y el día de la madre, días en los que algunas de ellas nos recuerdan que ocupan ambos puestos, soy madre y padre a la vez , como si esto fuera biológicamente posible para ellas y visiblemente posible para los hijos en cuestión. Luego salgo de mi pantalla y busco en la realidad al menos una pizca del caso contrario: hombres que han criado sus hijos sin la presencia y apoyo de la madre de éstos. Incluso hombres que se han emparejado con mujeres que ya traen hijos. Joseph, de 37 años, es el padre de una niña y un niño de 12 y 9 años; los ha criado solo desde hace cinco años cuando su esposa un día se fue sin más. Rodrigo, de 41, siempre quiso tener hijos pero la naturaleza jugó en su contra y no se lo p...

¿A cuánto el kilo de valor?

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Recientemente leía en un estado de Whatsapp un texto que decía "es increíble lo mucho que puede cambiar tu vida si tuvieras el valor de decir ya no más". Lo primero que vino a mi mente fue una utopía: ¿y si pudieran vender el valor por kilos? Escucharíamos cosas como: quiero dos kilos de valor, estoy ahorrando para comprar valor, el primo del amigo del vecino tiene un depósito full de valor... Imagen de  Alexas_Fotos  en  Pixabay Y es que a veces, por falta de este inapreciable bien, dejas que se te olvide poquito a poco que eres el director y productor de tu propia película y dejas que sean otros quienes te asignen un papel en la de ellos, y cuando digo otros puede ser cualquier prójimo, parejas, hijos, padres, vecinos, jefes, gobierno, y hasta el perro, el gato y el chivo , diría mi tía María Ramos. La falta de coraje disfrazada de bondad, amabilidad y disposición de ir en armonía con ellos, va cruzando la línea que marca la frontera con la sumisión y sin darte cuenta y...

DE LA CINTURA PARA ABAJO: Un Drama Repartido

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    En algún lugar de este incomprendido y absurdo planeta vivía Victoria, una exuberante y decidida mujer de unos 38 años, madre de dos niños y casada con Robert, un individuo al que mejor no le pongo calificativos. Como cualquier mujer atenta y con la intuición más amolada que cuchíllo de carnicero, Victoria se percató de que Robert andaba con una bendita escapadera todos los días, ya casi no paraba en casa; hasta que confirmó lo que sospechaba: él estaba casi viviendo con Julia, una vecina que vivía a escasos dos edificios más allá. De la mano de Ana Gabriel y Ricardo Arjona, Victoria pasó sus días oscuros, que en realidad no fueron muchos porque ella era muy orgullosa y tan fuerte como el hierro. Robert terminó mudado, se fue tan cerca que se ahorró el camión de la mudanza. Él, aunque ya vivía con la otra, siguió negando todo, "ella no es nadie y no significa nada", decía, ¿no te suena esa frase? ¡Vamos, la dicen todos los hombres! Sin embargo, el ahora ex-marido nunc...