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El Viaje del Alma Perdida

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Me desperté una mañana desorientada y alterada después de mi salida forzosa de la cálida y cómoda cabina donde viví durante un tiempo. No quería abandonar aquel lugar tan calentito y seguro, pero sus propias paredes empezaron a contraerse expulsándome hacia fuera con esfuerzo. Al principio pensé que era el fin y me asusté mucho, pero luego caí en cuenta que solo era la hora de empezar el mismo ciclo otra vez, por enésima vez. Finalmente estaba afuera; ya conocía el proceso... Aún no podía abrir los ojos ni hablar, pero oía voces que me hablaban con ternura, me cuidaban y me alimentaban. Al principio tuve que dormir muchas horas, era necesario mientras me adaptaba a esta nueva dimensión, así que, aunque ya pertenecía a este lado, prácticamente pasaba más tiempo allá que aquí. Pero en una de esas placenteras siestas una voz conocida me susurró que debía comenzar mi trayecto cuanto antes, porque mi estancia -como siempre- era temporal. Era una pena, con lo bien que se estaba en esa etapa,...

Al Otro Lado Del Río: Más Allá De La Realidad

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     "Caminábamos por la orilla de una quebrada, mi amiga y yo. No era un río ancho ni bravo, sino un hilo de agua clara que serpenteaba entre piedras lisas y árboles altos, en un rincón sereno del campo. El sol caía suave y el ambiente se sentía suspendido en una calma paradisíaca.      Yo me sentía joven, de unos veintitantos o quizás treinta años, y sabía que me veía bien. Ella también: una muchacha de piel clara, cabello claro, recogido en una cebolla de donde se escapaban mechones que le caían a los lados del rostro. Aunque no recordaba su nombre, yo sabía que era mi amiga...      Íbamos riendo, hablando de nada, caminando descalzas por la ribera.      En un momento, ella se metió al agua. Se adentró sin miedo, y desde el centro de la quebrada me llamaba con la mano: —Ven, métete —decía con una sonrisa luminosa. —No... me voy a ahogar —le respondí desde la orilla. —No te vas a ahogar, yo te voy a acompañar... —me aseguraba...

Haciendo un trámite en el universo

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Una de estas tardes surgió en mi mente una conversación bastante inusual. -Universo, ¿estás ahí? -pregunté en voz baja y prudentemente. -Siempre estoy aquí  -me respondió el universo con la voz gruesa y un tono de aburrimiento crónico. -Eh, soy yo... -Ya lo se, ¿y ahora qué deseas? -cuestionó. -Es que, fíjate, ahora solo quiero trabajar de lunes a viernes. -Pues eso debes plantearlo a tu jefa, no a mi. -Ya lo se, solo que pensé "si antes se lo pido al universo puede que sea más fácil conseguirlo". -A ver, primero me dijiste que le ibas a pedir los sábados para que tu hija no madrugue eternamente y no se qué más... -Sí, pero las cosas han cambiado... -Se que han cambiado, lo he hecho yo, porque me lo has pedido tú de forma indirecta. Pero tienes que decidirte niña, si no sabes lo que quieres al final acabo enviándote lo que se me antoje, ya sabes cómo funciona esto por aquí. -Lo que se es que te gusta jugar con los humanos. -Bueno, yo no lo diría de esa manera, per...

¿Quién mató al amor?

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     En un lejano y oscuro lugar, se llevaba a cabo un extraño velorio, bastante elegante, de esos donde nadie llora ni grita... Entre susurros, unos comentaban que fue de muerte natural, pero otros decían que fue un asesinato.       La rabia y la tristeza dejaron de ser disimuladas, el ambiente se encendió y en la sala se formó el alboroto entre quienes querían simplemente señalar algún culpable, cuando, de repente, se presentó un personaje bastante denso, con el rostro casi oculto entre sombrero y gafas oscuras, vestido negro y largo, y tacones afilados. Sin pronunciar, palabra alguna, solo bastó su presencia para que todos empezaran a confesar frente a ella.      - ¡Yo lo maté! Siempre dudé, nunca creí en sus palabras, le espiaba y le reclamaba cosas que solo ocurrían en mi mente. Exclamó la Sra. Desconfianza, echándose a llorar desconsoladamente.      - ¡No! En realidad, pues... quizá he sido yo. Aseveró Don Orgullo. -...

Nuestro Insólito Carmelo

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Ahí estaba Carmelo, en el sofá de su sala, celular en mano, siempre en silencio, para no ser delatado por el tono de los mensajes entrantes. Al mismo tiempo ella, su mujer, entre la sala y la cocina corría por aquí y recogía por allá, alistando todo para ir a trabajar. Él juraba que era un maestro ocultando cosas; ella no estudió actuación pero disimulaba muy bien que ya sabía lo que ocurría entre Carmelo y su "teléfono". Como inspirada por la gran Santa Cristina Maica , la mujer de Carmelo, planificadamente, se dejó deslizar en un affaire con un amigo de éste. Desde entonces ella miraba a su esposo con la sonrisa interna de quien se siente ajusticiada; pero no era suficiente, si él no lo sabe ni lo sufre entonces no es venganza, pensaba ella. Días más tarde, se encontraba ella esperando a su esposo para el almuerzo. Él llegaba con tanta hambre como siempre, mesa servida, listo para probar su primer bocado cuando, ipso facto, ella le advierte amablemente: - Si yo fuera tú no ...

Escapada a los 70: Un amor que resistió el paso de los años

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     Un jueves cualquiera, Katy, la hija menor de Sara, llamó a todos sus hermanos para saber si mamá estaba en casa de alguno de ellos; la señora, siendo ya un poco mayor, nunca salía sin avisar.      Veinte kilómetros más allá, en una desolada casa, ardía la ira de otra abuela, cuyo marido se había escapado con aquella de la que nunca se divorció, su primera y única esposa.      Sara y Jorge se habían citado a escondidas, la gente rumoreaba que aquellos dos querían revivir un amor que se había roto hace más de tres décadas.      Pero no había nada qué revivir pues aquello nunca murió, se mantuvo en coma, en estado vegetal o congelado por los errores cometidos, pero muerto jamás.      Sara tenía diecisiete años cuando se casó con Jorge, eran muy prósperos y abundantes, incluso en hijos pues fueron seis los que nacieron y vivieron.      Aquel matrimonio vivió sus décadas envidiables, pero Jorge era...

DE LA CINTURA PARA ABAJO: Un Drama Repartido

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    En algún lugar de este incomprendido y absurdo planeta vivía Victoria, una exuberante y decidida mujer de unos 38 años, madre de dos niños y casada con Robert, un individuo al que mejor no le pongo calificativos. Como cualquier mujer atenta y con la intuición más amolada que cuchíllo de carnicero, Victoria se percató de que Robert andaba con una bendita escapadera todos los días, ya casi no paraba en casa; hasta que confirmó lo que sospechaba: él estaba casi viviendo con Julia, una vecina que vivía a escasos dos edificios más allá. De la mano de Ana Gabriel y Ricardo Arjona, Victoria pasó sus días oscuros, que en realidad no fueron muchos porque ella era muy orgullosa y tan fuerte como el hierro. Robert terminó mudado, se fue tan cerca que se ahorró el camión de la mudanza. Él, aunque ya vivía con la otra, siguió negando todo, "ella no es nadie y no significa nada", decía, ¿no te suena esa frase? ¡Vamos, la dicen todos los hombres! Sin embargo, el ahora ex-marido nunc...

Mi Vecino Tenía Negativirus

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Yo creo en las afirmaciones como método para reprogramar la mente y cambiar aspectos de mi realidad; todo lo que oiga y le diga a mi mente ella se lo creerá si yo lo siento y acepto como mi verdad. Había un vecino que llamaremos James. Cada vez que James se encontraba con alguien, repetía con énfasis y cara de calamidad: ¡la vaina está arrecha!  Siempre, siempre lo decía, era como su mantra personal. A mi me daba como pena ajena, prefería no responder, me negaba a asentir ante esa afirmación 😒. Ciertamente la situación del país no era la más ideal, pero, él en particular la estaba pasando muy mal, vivía endeudado, en su casa apenas comían y un largo etcétera, sin mencionar su abatida relación de pareja, cosa que no debería ser responsabilidad de la economía ni del gobierno 🤔. Imagen de  Reinhold Silbermann  en  Pixabay Paradójicamente, en la misma calle donde vivía James (y en el mismo contexto de la economía) residían otros vecinos bastante prósperos 🤑, de los qu...

¡Esos amores platónicos!

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Oyendo  Faded de  Alan Walker , recuerdo que conocí una chica, Meryl, que fue presa de los amores platónicos en la escuela y el liceo. Supongo que todos los hemos tenido. U no pensaría que esa fantasía se acaba en la niñez (me refiero a esta clase de fantasías, ustedes saben pues). Así que m ás adelante Meryl vivió su primer amor, de carne y hueso, no imaginario; fue feliz; la cosa acabó. ¡ Que pase el doblee !, formó familia y fue medio feliz. Lo normal pues, por no decir lo aburrido. El asunto es que entre esas dos relaciones, conoció a alguien de esos que parecía de otro planeta, estaba bueno, bonito (barato no), tenía dinero, era sencillo, buena gente, inteligente, olía sabroso, sabía escuchar... y así podemos llegar al 2021 enumerando sus virtudes. Pero con tanta cosa buena ya te imaginarás que era casado el extraterrestre ese. Aquel Esperancito era tan buena vibra, se le sentía un aura tan ligera, que ella flotaba cuando lo tenía a un metro de distancia; en su presencia...